A veces rechazamos ser la mejor versión de nosotros mismos, a veces, incluso ni la hemos conocido. El orgullo y la pereza nos impiden llegar a ser lo que podemos ser, dar todo lo que podemos dar de nosotros mismos. Pero muchas veces es el miedo el que nos impide ser totalmente nosotros.
Miedo del qué dirán, miedo del mañana...
Pero quizás el más importante sea el miedo que nos tenemos a nosotros mismos.
Sentarse y enfrentarse a uno mismo es uno de los ejercicios de conciencia más difíciles.
La autocrítica no está reservada para todo el mundo.
Llegados a este punto, mejor ser sinceros con nosotros mismos, ¿no?
Mejor enfrentarse cara a cara a nuestros miedos, nuestros anhelos, nuestros errores...
Cuestionarnos, rechazar nuestra actitud, odiar actos y frases que nunca hubiéramos querido hacer ni decir.
No es un trabajo nada fácil; no es fácil reconocer nuestros puntos débiles.
Y eso que los conocemos muy bien.
No es fácil quitarnos el caparazón que nos protege, la coraza que nos cubre.
Pero es el inicio, el inicio de un nuevo tú, aliviado y más feliz.
En paz con el mundo; en sintonía contigo mismo.
Previo aviso de que va a ser un camino largo y tortuoso.
Tómatelo como un trabajo.
Trabajar para ser la mejor versión de nosotros mismos, para vivir en paz y sin esa sensación de asfixia que te produce vivir en alguien que no eres realmente.
Hoy es el día, hoy es el momento; en que YO voy a ponerme a trabajar para mí misma.
No está, pero volverá.
O lo va a intentar.
